Mi querido viejo

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Miércoles, 14 de November de 2018
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La sombra del polvo
Mi querido viejo
Por  Eduardo Oyervides  17 de Junio de 2018, 03:47 am

Nuestro lenguaje es el silencio, los gestos minúsculos: cuando pides que me llamen para saber dónde estoy, cuando llevas a la casa ese pan que tanto me gusta, cuando pides o pones una canción: “mi linda esposa”, ¿cuál otra? “Amor eterno” o “mi querido viejo” y cantamos. Cuando has llorado una muerte o encajado una buena broma en la sobremesa, y reímos y lloramos juntos: eso, papá, es el amor.

Y en este mes mundialista tú y yo estamos más que cerca. Si a mí se me va un dato, tú lo pones. Yo veo los partidos por ti y te pongo las repeticiones cuando llegas a casa. Comentamos las jugadas juntos, o lo que es lo mismo: te escucho analizarlas. Eres un crack, papá, y a mí me encantan tus cátedras sobre fútbol, tus historias de cuando jugaste en el Pirata Puente de Veracruz. Ver los partidos contigo aunque te duermas y te pierdas los goles con los que mis gritos te despiertan, es algo que nunca cambiaría. Tú que jugaste de defensa central, portando la casaca número cuatro como Rafa Márquez. Tú que ganaste títulos locales: yo quería ser como tú hasta que me di cuenta de que puedo ser por mí mismo. Eso siempre ocurrirá o debería ocurrir con los hijos, no te sientas mal.

Siempre he creído que todo te sale bien: la herrería, las ventas, la familia, el fútbol, los hijos. Y aunque a mí sólo me salga bien escribir, en letras de molde (otro silencio) te digo: siempre te voy a querer, aunque no veamos pronto al Cruz Azul campeón ni a México levantar una Copa del Mundo. Siempre te voy a querer, mi querido viejo, con esa pasión del hincha que llora la camiseta hasta el último segundo del minuto 90.

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