Desvío “legal” de recursos

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EDITORIAL
Desvío “legal” de recursos
Por  Editorial  10 de Enero de 2019, 10:49 pm

La comprensión que la ciudadanía en general suele tener acerca del tema de la corrupción varía notablemente, dentro de una misma cultura y al comparar diferentes culturas. Muchas personas tienen un concepto sumamente acotado de la corrupción, que se limita al fraude y la malversación de fondos. Lo que se considera corrupto en algunas culturas (por ejemplo, el nepotismo) puede resultar perfectamente aceptable en otras.

De acuerdo con Transparency International ha adoptado de corrupción es: “el abuso del poder delegado para beneficio propio”. Esta definición incluye la corrupción financiera, que abarca el fraude, los sobornos, la extorsión y las comisiones ilícitas, pero también incluye las formas no financieras de corrupción, como la manipulación o el desvío de la asistencia humanitaria para beneficiar a grupos que no son los verdaderos destinatarios; la asignación de recursos de asistencia a cambio de favores sexuales; el tratamiento preferencial a familiares o amigos al momento de brindar la asistencia o en los procesos de contratación (nepotismo y favoritismo); y la coerción e intimidación de los empleados o beneficiarios para lograr que no denuncien la corrupción o que participen en ella.

Al decir “propio”, nos referimos al concepto contrario al de bien común. “Beneficio propio” se refiere no solamente a personas, sino también a familias y comunidades; a grupos étnicos, regionales o religiosos; a partidos políticos y organizaciones; a sociedades y asociaciones profesionales o sociales, como así también a caudillos y milicias. El “beneficio” no siempre es de índole financiera: el objeto del abuso de poder puede ser lograr un mayor prestigio personal o para la organización, o perseguir fines sociales y políticos.

Así, resulta evidente que es fundamental reconocer a los numerosos actores que ejercen diferentes tipos de poder en un contexto de crisis humanitaria. El peor impacto de la corrupción es el desvío de recursos destinados originalmente a salvar vidas en los sectores más vulnerables de la población, afectados por desastres naturales y conflictos civiles. No ha de sorprender que esto ocurra, dado que la asistencia se brinda en entornos plagados de desafíos.

El viejo régimen, en los últimos años propició la creación de un sinfín de asociaciones y fundaciones, cuyo fin público según sus estatutos era generar beneficios para la sociedad; sin embargo, la gran mayoría fueron el pretexto ideal y la forma más legal para sustraer recursos públicos, de forma ilegal. Muchos países en los cuales se producen emergencias humanitarias tienen altos niveles de percepción de corrupción antes de una emergencia, y puede existir el riesgo de que la ayuda sea desviada por grupos de poder y redes arraigadas de corrupción. En Morelos aún no superamos la emergencia por el S19, sobre todo pos los abusos y desvíos cometidos, a propósito de la tragedia.

Urge que en nuestro país se establezcan candados claros para evitar que los políticos y los partidos funden y se asocien a fundaciones o asociaciones, susceptibles de apoyos desde el gobierno. 

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