Lo negro de los Carnavales

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EDITORIAL
Lo negro de los Carnavales
Por  Editorial  11 de Febrero de 2019, 09:06 am

Y pensar que hasta hace unos días muchos de los actuales presidentes municipales se quejaban por la falta de recursos y la complicada administración que les heredaron. Sin embargo, en los últimos 20 días hemos sido testigos de un gran despilfarro de recursos en algunas localidades a propósito de las fiestas pagano-religiosas conocidas como “Carnaval”.

El Carnaval es una celebración popular que tiene lugar inmediatamente antes de la cuaresma cristiana (que se inicia con el Miércoles de Ceniza), y que tiene fecha variable (entre febrero y marzo según el año). El Carnaval combina elementos tales como disfraces, grupos que cantan coplas, desfiles y fiestas en la calle.

A pesar de las diferencias de celebración en todo el mundo, su característica común es la de ser un período de permisividad y cierto descontrol. En sus inicios, probablemente con un cierto sentido del pudor propio de la religión, el Carnaval era un desfile en que los participantes vestían disfraces y usaban máscaras. Sin embargo, la costumbre fue transformando la celebración hasta su forma actual.

No estamos en contra de las celebraciones que hay tradicionalmente en las localidades, lo que reprobamos es el desvío de recursos públicos para la celebración de eventos incluso ligados a una religión, siendo que en los tiempos actuales hay una gran diversidad de creencias y un gobierno trabaja para todos, no para un grupo en específico.

En honor al a verdad debemos decir que este tipo de fiestas tienen tres grandes vertientes: sirven como un “desfogue” para los pueblos; sirven para detonar la economía y finalmente para preservar las tradiciones y costumbres. Sin embargo, salvo contadas excepciones, la mayoría de los municipios tienen más egresos que ingresos durante esos festejos.

Hay casos como el de Jiutepec, en donde lo que se recauda por la renta de espacios para vendimia, por el permiso para la instalación de juegos mecánicos y por concepto de la venta exclusiva de una marca de cerveza, genera lo suficiente y a veces hasta un extra, para pagar todos los gastos de un Carnaval, que incluyen lo correspondiente a los cuatro días de contrato de cuando menos cinco bandas de viento, así como la pirotecnia, la publicidad, el pago de más de 200 personas que trabajan como staff y la comida que se da Chinelos, trabajadores y público en general. Esto incluye también el pago de la renta de un equipo de luz y sonido para el show de las viudas e incluso para el vestuario de los que participan.

Sin embargo, ese es un caso excepcional, porque además en este año no hubo bailes gratuitos, lo que sí ha venido pasando en otros lugares y seguirá pasando hasta que llegue la semana santa. Es así como los Carnavales son fiestas de libertinaje sobre todo en el manejo de los dineros del pueblo…

 

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