¿Violencia de dónde?

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Sábado, 20 de April de 2019
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¿Violencia de dónde?
Por  David Alanis  15 de Abril de 2019, 09:23 am

Es tan fuerte leer en diarios o escuchar en los medios electrónicos lo sucedió el pasado sábado en un restaurante de Cuautla, con la muerte violenta de seis personas y varios heridos. Todos los días, desde hace varios años en Morelos y todo el país hemos venido padeciendo los negros resultados de una cadena de complicidades entre autoridades y grupos delincuenciales. En el caso de Morelos, la presencia de grupos de la delincuencia organizada, entre colombianos y carteles del narco, se fue atenuando durante la administración del tabasqueño Graco Ramírez. Durante sus seis años y sobre todo los cinco en los que Alberto Capella Ibarra, estuvo al mando de la Comisión Estatal de Seguridad, se habló de una estrategia, por ejemplo, para detener a Santiago Mazari, alias “El Carrete”, líder del grupo identificado como “Los Rojos”, pero en la realidad nunca se hizo nada al respecto. Solo pusieron tras las rejas, en diferentes momentos, algunos “chivos expiatorios” pero el también llamado “Señor de los Caballos” se mantuvo al mando en la región sur de la entidad. También, debemos recordar, que durante la citada administración, llegaron a Morelos un grupo de colombianos, denominados “los goteros” a quienes se les atribuyen delitos de extorsión y homicidio. Así que, con lo que ya había en suelo morelense, más lo que fue llegando, se dejó a la sociedad en medio de un mar de fuego, que hoy nos cobra factura a todos.

Desde luego que, la autoridad estatal actual es la responsable de la seguridad de todos los morelenses, al igual que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, de la de todo el país, pero no dejemos de ver las causas de la grave violencia que nos está dañando a todo. Si, y desde luego que sí, los cuerpos de seguridad, militares o no, deben comenzar a dar golpes de precisión para disminuir la fuerza de los grupos delincuenciales; si, es urgente y deben comenzar a caer “los peces gordos” aunque sabemos que para AMLO no es una primera opción, para no “alborotar más al avispero”, pero frente a la realidad que tenemos no hay de otra: o son ellos los que caigan –los malos- o seguirá siendo el gobierno, el que quede exhibido por las cifras de muertes violentas que siguen creciendo.

Ayer en sus redes sociales muchos fueron los que tomaron la situación, muy lamentable, sucedida el sábado pasado muy cerca de la comunidad El Hospital en Cuautla, para golpetear al gobierno actual de Cuauhtémoc Blanco, con acusaciones tales como que esto nunca había sucedido o que la seguridad se le estaba escapando de las manos al Ejecutivo estatal. Sin embargo, seamos claros, la realidad es que lo que vivimos es consecuencia de, pero también es algo que ya hemos estado padeciendo desde hace varios años. Citaremos por ejemplo un fragmento de lo que publicó en 2014, el activista y poeta Javier Sicilia, víctima precisamente de la delincuencia, en la revista proceso, con datos eminentemente oficiales: “Según el Inegi, la cifra total de delitos en todo el país –homicidio, secuestro, extorsión y robo de vehículos– pasó de 40 mil 767 en 2011 –el año más violento de la administración de Felipe Calderón– a 136 mil 378 en 2013, con una cifra negra superior a 280 mil delitos. Si nos concentramos en Morelos y comparamos los dos primeros años de gobierno de Marco Antonio Adame (2007 a 2009) –una administración deplorable y atroz– con los dos primeros de Graco Ramírez, las cifras, que tomamos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se tornan espeluznantes: Homicidios, Adame: 9.34 y 11.82 –la tasa nacional fue de 6.54 y 7.70 por 100 mil habitantes respectivamente–; Graco: 31.85 y 10.44, sólo durante el trimestre de 2014 –la tasa nacional es de 15.53–. Secuestros, Adame: 0.29 –la tasa nacional fue de 0.29 y no hay datos comparativos en el siguiente año–; Graco: 8.00 y 2.06 sólo durante el primer trimestre de 2014 –la tasa nacional es de 1.43–. Extorsiones, Adame: 11.23 y 13.97 –la tasa nacional fue de 2.84 y 4.34–; Graco: 21.34 y 6.27 sólo durante el primer trimestre de 2014 –no hay todavía datos de la tasa nacional–. El Índice de Paz, que elabora el Institute for Economics and Peace y que muestra que en la última década la paz en México se deterioró 27%, coloca en 2013 a Morelos en el lugar 33, es decir, en el último de los estados menos pacíficos de México con una calificación de 4.14 en relación con Campeche, el más pacífico, que califica con 1.47, y la Comisión de Derechos Humanos del estado ha recibido 200 quejas contra el mando único”.

Lo anterior es tan sólo una probadita de la realidad que hemos venido enfrentando. Sí, no se puede asegurar que con la Guardia Nacional o el Mando Coordinado estatal, cambie la situación, pero si consideramos que la forma más fehaciente de lograr un cambio en nuestro país, es atacando las causas de raíces. Mientras las familias sigan disfuncionales y tomando ejemplos negativos para nuestras nuevas generaciones, la situación irá en aumento. Debemos hacer un alto y atacar por ejemplo, la apología del delito que hoy vemos, leemos y escuchamos por doquier. Si la actual generación de adultos está muy contaminada, protejamos a los que vienen tras nosotros…Si, el gobierno estatal y el federal tienen una gran responsabilidad para contener la desbordada violencia, pero ¿qué estamos haciendo nosotros en casa?

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