Periodismo libre

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lunes, 27 de mayo de 2019
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EDITORIAL
Periodismo libre
Por  Editorial  18 de Abril de 2019, 12:23 am

Gran polémica han generado las declaraciones de los últimos días que ha emitido el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador en las llamadas conferencias de prensa, mañaneras. Definitivamente, a partir del mensaje presidencial, entre las siete y las ocho de la mañana se generan los conceptos básicos, todos los días, de los temas tendencia en todas las redes sociales durante el resto del día. Sin embargo, de la semana anterior a lo que va de la presente, el centro de la agenda informativa ha sido el periodista, reportero o medio de comunicación, pero sobre todo “el periodista”.

Es aquí hasta donde la pregunta inmediata es ¡hay realmente una prensa libre; son los reporteros personajes libres de preguntar a sus fuentes lo que ellos, por convicción propia, deseen saber? Hay que entender claramente una realidad contundente: la gran mayoría de los reporteros ofrecen sus servicios a una empresa o grupo a cambio de una remuneración, buena o mala, pero al final remuneración. En razón de ello el reportero “no se manda sólo” obedece a los intereses del medio para el cual trabaja –a menos que sea independiente o free lance-.

Por eso para hablar de periodismo libre hay que entender algunos conceptos básicos, tal como que en la actualidad existen ciertas tendencias que, de formas diversas, apuntan a la redefinición del periodismo en la línea marcada por estas comunidades (apertura, accesibilidad, edición y libre difusión). Raramente, sin embargo, todos estos puntos confluyen a la vez en el caso del periodismo -las palabras no son software-. Es evidente que, la moraleja del cuento es clara: los espacios cerrados -podríamos llamarlos espacios profesionalizados- se están abriendo, y no por casualidad. Las masas silentes se han transformado en públicos activos, comprometidos y participativos. Los consumidores han dejado paso a los 'usuarios'. En algunos casos la apertura llega a tal punto que pone en cuestión la figura misma del 'periodista' tal y como la veníamos entendiendo hasta ahora. La apertura y el consiguiente diálogo, según los expertos, entre prosumidores -todos producen, todos consumen- genera comunidades de usuarios dispuestos a pagar no a cambio de un 'bien' sino porque desean involucrarse en aquello que consideran que se hace bien y 'hace bien'.

"Las producciones 'nobles' del ser humano" (como el conocimiento, los conceptos o las ideas), proclamaba David Boyle en 'El Dominio Público', deben ser "libres como el aire". "La información", nos decía McKenzie en 'Un manifiesto Hacker', "es el potencial del potencial".  Una fuerza que "cuando es desencadenada, libera las capacidades latentes de todas las cosas y de la gente (…) cuando la información no es libre la clase que la posee  controla o revierte su capacidad hacia sus propios intereses". Desde esta perspectiva el periodismo -entendido como el relato veraz e independiente de los hechos en pro de la igualdad y la democracia- es un derecho fundamental de las sociedades que no debería ser gestionado, o al menos no solo, en 'espacios cerrados' (grandes empresas o estados). Relegar su ejercicio a esos espacios implicaría colmarlos de un poder tan inmenso que, como nos advertía McKenzie, podría volverse en contra del 'bien común', como efectivamente está pasando.

Entonces finalmente, como sociedad tenemos la gran labor de exigir y consumir un periodismo cada más eficaz -más allá de la oportunidad en el tiempo-, con una capacidad de verdad casi absoluta, pero consciente de la responsabilidad de lo que significa informar adecuadamente. Casi todo lo que se publica en redes carece de lo elemental para poderse llamar periodismo. Es tiempo de elevar la demanda, pero también la calidad en los contenidos…

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