Simulación

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EDITORIAL
Simulación
Por  Editorial  24 de Mayo de 2019, 10:20 am

Alrededor de los años y justo aún más en el actual sistema político en el que nos encontramos, la simulación política es parte del ejercicio diario del poder. Lo vemos por todas partes y en todas las dimensiones, pero no deja de ser simulación. La simulación es un tema trabajado por Jean Baudrillard, quien fue filósofo y sociólogo, crítico de la cultura francesa, quien se refiere a las estrategias de la apariencia, a las estrategias de la seducción, a la sustitución de la realidad por la hiper-realidad, es decir, por la virtualidad.

En su disertación el filósofo decía que si no existieran las apariencias, como parte de la simulación, el mundo sería un crimen perfecto, es decir, sin criminal, sin víctima y sin móvil. Un crimen cuya verdad habría desaparecido para siempre, y cuyo secreto no se desvelaría jamás por falta de huellas

Hablamos de los extremos de la experiencia vertiginosa de la modernidad, experiencia figurada como cuando todo lo sólido se desvanece en el aire. Esta modernidad extrema radicaliza la experiencia estética, las experiencias del gusto y del placer, acompañadas por sus representaciones plásticas. No se olvide que la modernidad nace como concepto estético, concebido por los poetas malditos, que representa la experiencia del trastrocamiento urbano, la sensación de suspensión de valores, de transformación de instituciones, de demolición de estructuras. Por ejemplo, en los gobiernos federales, han cambiado el nombre de los programas asistencialistas, pero desde los priistas, lo que hoy es Prospera.

La idea, el concepto, la configuración de simulación se convierte en una de las claves para comprender la experiencia extrema de la modernidad radicalizada, junto al concepto de ilusión y de realidad, convertida en virtualidad, en hiper-realidad. Muchos gobernantes han logrado cautivar a la sociedad y mantenerse en un cargo, gracias a su capacidad de persuasión, mediante la simulación. Por ejemplo, muchos presidentes municipales, en lugar de establecer obras o acciones de beneficio real para la sociedad, que no necesariamente se tengan que distinguir, prefieren hacer las llamadas obras de relumbrón.

Otro dato, por ejemplo el año pasado en el informe que rindió en febrero pasado ante el Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas (CED, por sus siglas en inglés), el Estado mexicano presentó como “logros” diversas acciones incompletas o que existen únicamente en el papel, pero no en la realidad, lo cual demuestra que las autoridades continúan con una política de simulación en la materia.

Así mientras los gobiernos juegan a la simulación, el grueso de los mexicanos seguimos padeciendo una realidad aplastante en materia económica y de seguridad.


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