Violencia que persiste

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EDITORIAL
Violencia que persiste
Por  Editorial  11 de Junio de 2019, 12:08 pm

A pesar de la indiferencia de lagunas de las diputadas de la 54 Legislatura local, lo que ayer sucedió en la nueva sede en el barrio de Amatitlán, sin duda marca un precedente importante en nuestra entidad, con la firma del llamado Pacto para impulsar la Agenda de Mujeres. Lo interesante fue, que a pesar de la indiferencia, el llamado hecho desde el Instituto de la Mujer, a cargo de Flor Dessiré León Hernández, tuvo una gran respuesta.

Al acto celebrado en la casa de los propios diputados acudieron mujeres de gran trayectoria en la vida política y social de la entidad, la gran mayoría de mujeres líderes, que se han sobrepuesto en muchas ocasiones a la violencia institucional muchas veces impulsada por los hombres, pero en su mayoría por su propio género.

Y es que, a través de sus agentes, en las instituciones se puede agredir también de forma directa o indirecta. La violencia institucional sido siempre la menos visible, la que más se ha silenciado, la más impune de todas. Por mucho que digan que la violencia institucional es un invento de las feministas, sí existe un reconocimiento internacional sobre ella. En 1993, la Declaración sobre la Eliminación de la violencia contra la mujer de la Asamblea General de Naciones Unidas, contemplaba ya la violencia “física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado”. En su artículo cuatro recogía más de diecisiete deberes a cumplir por parte de los Estados para proteger de la violencia a la mujer: desde unos presupuestos que garanticen la protección de las víctimas, a medidas en la atención, asistencia, educación o investigación.

En los mismos términos se expresa la conocida como “Convención de Belém do Pará”, de 1996, cuando indica que es violencia la “perpetrada o tolerada por el Estado o sus agentes, dondequiera que ocurra”. Un paso más da el Convenio de Estambul, cuando recoge en su artículo cinco las obligaciones del Estado y traslada esa responsabilidad a las “autoridades, los funcionarios, agentes e instituciones estatales”.

Realmente, la dimensión institucional de la violencia contra las mujeres es una de las aportaciones más recientes de la perspectiva feminista en las violencias machistas, y su no consideración nos lleva, por el marco internacional, a una vulneración de los derechos humanos por acción o por omisión del Estado.

Esa violencia debe parar, pero hoy son más los ataques que se han gestado contra las mujeres, desde las propias mujeres. En los próximos meses seguramente veremos instituciones pares de todo tipo, en cumplimiento con las nuevas leyes, pero mientras la cultura no cambie, a pesar de un 50% por hombres y 50% por ciento de mujeres, la violencia seguirá, a flor de piel o disfrazada, pero seguirá…

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