Conflictos por la “justicia”

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lunes, 17 de junio de 2019
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EDITORIAL
Conflictos por la “justicia”
Por  Editorial  11 de Junio de 2019, 11:30 pm

Mientras al seno del Tribunal Superior de justicia se vive una lucha encarnizada, por los múltiples intereses que permean y que son ajenos a la noble y divina labor de impartir justicia, el que constituye uno de los tres poderes del Estado en la entidad, vive una de sus peores crisis de credibilidad. Pocos son los ciudadanos, que confían plenamente en la labor de jueces y magistrados que pareciera hoy atienden más a compromisos políticos y económicos, que al esencial de su encargo.

El poder judicial, por su propia naturaleza, no tiene controles externos. Su papel dentro del estado es asegurar que se cumplen adecuadamente las normas. Los jueces se ocupan de que las discrepancias entre ciudadanos se resuelvan conforme a la ley y de que tantos estos como el resto de poderes públicos la respeten. Si un juez se salta la ley, sólo pueden sancionarlo otros jueces. Esa falta de mecanismos jurídicos ajenos plantea intensos problemas democráticos. Es un poder que debe auto moderarse. El corporativismo, la impunidad al juez que no aplica la ley como es debido, son el mayor riesgo del Estado de Derecho. Si la judicatura no se controla a sí misma, no hay soluciones jurídicas. Ante el fracaso o la desobediencia generalizada del poder judicial, la única censura posible es popular.

Seamos claros, son amplios los sectores de la sociedad están experimentando un creciente desapego por los jueces, magistrados y sus decisiones. Cualquiera que se mueva entre jueces lo sabe y las razones son diversas. Pero no tendrían mayor importancia si mantuvieran su posición de neutralidad. En momentos de crisis como los que vivimos, resulta esencial que sean capaces de abstraerse de sus propias ideas políticas, económicas y si acaso sociales al dictar sentencia. Estamos en una situación política y social complicada.

Ya lo hemos dicho con antelación, la mezcla de intereses daña hasta los huesos la función del poder judicial, por lo que los jueces y magistrados deben ser independientes, sí. Pero no irresponsables. Independientes para que nadie les diga cómo deben resolver cada caso concreto, pero no irresponsables para hacernos tragar a todos con sus propias ideas. Los jueces y magistrados no son los dueños de la ley, ni la pueden aplicar a su antojo. Si siguen pensando que lo pueden hacer, y siguen sin escuchar a la sociedad, sólo contribuirán a ahondar la crisis del Estado. Cada vez más gente, cuando lee que la justicia se administra en nombre del pueblo, piensa: no en mi nombre! Así que la labor del poder judicial, desde la presidenta, traer de vuelta al TSJ el espíritu de su creación: la impartición de justicia: que a cada quien le toque lo que le corresponda…

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