Correcta fiscalización

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domingo, 25 de agosto de 2019
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EDITORIAL
Correcta fiscalización
Por  Editorial  16 de Julio de 2019, 12:29 pm

Justo en el marco de la polémica elección del nuevo titular de la Entidad Superior de Auditoría y Fiscalización (ESAF), es importante destacar la importancia de la correcta revisión sobre el uso de los recursos públicos, en todos los órdenes de gobierno, pero sobre todo en torno al ejercicio de los municipios, en donde  son constantes el despilfarro y la corrupción.

De acuerdo con el “Reporte Ethos” denominado “Descifrando la Corrupción”, la indignación y preocupación por la corrupción e impunidad que se vive en México han ido en aumento. Pareciera que los esfuerzos que se han llevado a cabo para mejorar esta situación no se han visto reflejados en avances concretos. Entre dichos esfuerzos figuran el mayor acceso a la información y una serie de medidas de evaluación, transparencia y rendición de cuentas. Sin embargo, a pesar de que México se concibe como la segunda economía regional de América Latina y la 14 potencia económica a nivel internacional, la corrupción sigue frenando al país en los ámbitos económico, político y social.

Está claro, que en la esfera pública, la corrupción generalmente se clasifica en dos categorías: corrupción política y corrupción administrativa. De acuerdo con Bautista O. (2005), la primera ocurre cuando los políticos desvían fondos públicos, extorsionan a individuos y/o empresas para obtener recursos, aceptan sobornos para realizar operaciones ilícitas o agilizar otras, compran votos en las elecciones o bien reciben contribuciones legales o ilegales para su partido o campañas políticas que califican de anónimos para ocultar su procedencia. Por su parte, la corrupción administrativa se da principalmente en la Administración Pública y en los servicios públicos; se refiere al abuso del funcionario público para obtener beneficios propios. Y eso, es una constante en el ejercicio municipal.

El ambiente cultural en el que se desenvuelven los individuos es uno de los factores sociales de la corrupción más representativo, siendo la falta de condena social la principal explicación. Así, las sociedades que defienden e incluso admiran a los corruptos o que racionalizan la corrupción con argumentos morales falsos, como quienes se excusan porque todos los demás individuos actúan de esa forma, estarán fomentando mayores niveles de corrupción.

De ahí que el nuevo titular de la ESAF deberá garantizar un ejercicio transparente, pero sobre todo honesto, de modo que se queden atrás las viejas y arraigadas prácticas de “protección para los amigos y persecución para los enemigos”.

 

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