Autodescalificación

EDITORIAL
Autodescalificación
Editorial
Dic 1 2019 - 22:18

Que un ciudadano entre a la política no sólo se ve bien sino que además es deseado por el grueso de la población. Todos creemos que entre más se ciudadanice la política, podremos alcanzar mejores gobiernos. Esto significa que, en esencia anhelamos que ciudadanos honestos, trabajadores y exitosos en sus áreas de trabajo, ingresen o se abran paso en medio de la tan controversial política, pero sobre todo desde el servicio público. Pero que un político se infiltre movimientos o peor aún que encabece “supuestos movimientos sociales” no es del todo aceptable.

En el caso de la famosa ciudadanización de la política en nuestro país, hoy vemos que derivado de la desconfianza que ha ido en aumento respeto de los partidos políticos, muchos líderes han optado por incrustar en sus fórmulas electorales a ciudadanos distinguidos, que les pueden ayudar mediante una buena cosecha de votos, a conservar el registro de sus institutos políticos y hasta lograr posiciones plurinominales.

En el pasado proceso pudimos comprobar que para la cultura política de nuestro país, las llamadas candidaturas ciudadanas no son la mejor opción; siguen ganando y de forma avasalladora las elecciones, las formulas ligadas a los partidos políticos, quizá por contar con más recursos, con plataformas electorales, pero sobre todo porque, insistimos, culturalmente los mexicanos estamos inmersos en una partidocracia.

Pero, a pesar de ello, la presencia de ciudadanos honestos y exitosos, sigue siendo la principal demanda de las cúpulas políticas. De hecho, pongamos atención en el siguiente proceso de elecciones intermedias, en donde seguramente ganarán los candidatos y no precisamente los partidos. Históricamente es lo que ha venido pasando, al menos en Morelos en los últimos 20 años.

En el opuesto extremo se encuentra la politización de los movimientos ciudadanos o el intento de políticos por generar movimientos sociales. Hoy vemos por las calles a políticos desempleados que en su afán por lograr volver a atraer la atención del electorado y porque no hasta conseguir chamba, en los gobiernos actuales, dirigen, motivan y hasta se suman a diferentes actos de protesta o reclamos, que si bien tienen una motivación natural correcta, por yerros o fallas en los gobiernos, con la intromisión de “políticos” experimentados y bien identificados, se auto descalifican.

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