Ritual "gatito", ceremonia familiar en Ocotepec

 
Sábado, 16 de febrero de 2019
Ritual "gatito", ceremonia familiar en Ocotepec

La familia de Mateo Román realizó la curación, herencia prehispánica

Por 
Violeta Luna
8 de Diciembre de 2018 12:01 pm
Mateo Román, de dos años, en brazos de su mamá al inicio de su "gatito"
 Foto: 
Violeta Luna

Los rituales de la vida en Ocotepec incluyen una ceremonia familiar en la que el más pequeño del clan, ante la llegada de una nueva vida en la familia es consolado y arropado por su familia.

A la ceremonia la llaman “gatito” e incluye el sacrificio de un pollo cuya sangre se unta en forma de cruz en las sienes, la frente, la nuca, las rodillas y las plantas de los pies del pequeño.

Se trata de una suerte de iniciación, el cierre de una etapa de la vida ante la llegada de quien ahora será la persona más  pequeña.

La sombra de la vida que viene en camino afecta al más pequeño: deja de comer, llora por todo, se encuentra triste y celoso, la nueva vida en la familia le afecta sobremanera.

El rito que también incluye la entrega de dulces color rojo y la aspiración de los vapores que emanan del pollo previamente sacrificado.

Es un ritual complejo y lleno de simbolismos, una herencia prehispánica tocada por el sincretismo que prevalece hasta nuestros días en este poblado al norte de Cuernavaca.

No es una fiesta que cualquier persona pueda presenciar, el ritual está reservado para la familia nuclear y extendida.

Fue al filo del mediodía de este viernes que en la casa de la familia Rivera Salinas comenzó el ritual, el “gatito” del niño de dos años de nombre Mateo Román.

La sombra de Romina, la niña que en los próximos días comenzará a ser la más pequeña de la familia ha provocado en el “bebé” malestares que aliviará el rito descrito.

“Que el padre, el hijo y el Espíritu Santo te cubran con su manto y que sea tu remedio”, expresó María Eugenia Ruiz Millán, abuela materna del niño homenajeado, mientras ayudaba a pintarle con sangre una cruz en la frente.

Después de la primera parte del ritual, la familia se dispone a cocinar mole verde y tamalates (tamales de masa con sal), platillo a ofrecer por la tarde tras la segunda parte de la ceremonia.

El color rojo, signo de fuerza, protección y alegría, predominan en  la parte cumbre del rito: Ropa nueva en color rojo para el niño, una suerte de sarape hecho con jerga roja de la que se cuelgan cascabeles. Frutas rojas y todo tipo de golosinas rojas o con envoltura roja se ofrecen al pequeño y junto con el pollo hervido, el niño puede comerlos de la manera en que le plazca.

Los padrinos también visten de rojo, se baila y se llena de incienso el sitio, todo es una fiesta que poco a poco le devuelve la alegría al pequeño.

 

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