Ayoxuxtla, Junta Revolucionaria y Plan de Ayala 

Sábado, 18 de January de 2020
  • Cultura
Ayoxuxtla, Junta Revolucionaria y Plan de Ayala 
Margarito Pérez

Nietos y bisnietos de Zapata recordaron el 28 de noviembre del 1911

Nov 28 2019 - 18:00

Ayoxuxtla de Zapata, Huehuetlán El Chico, Puebla.  Al final del otoño del año 1911, el martes 28 de noviembre, en el pequeño poblado de Ayoxuxtla de la sierra Mixteca poblana, se reunieron los rebeldes morelenses que participaron en la recién concluida revolución maderista. Eran más de 3 mil los hombres y mujeres que caminaron los senderos de la serranía para confluir a tan importante cita, la firma del Plan de Ayala.

Estos son los antecedentes inmediatos que llevaron a los rebeldes surianos a seguir en guerra, ahora contra el presidente en ciernes Francisco I. Madero, con un manifiesto político cuyo objetivo era que los dejaran de señalar como “robavacas” o “bandidos”. Las consecuencias de esta decisión se abordarán en el siguiente trabajo.

Los rebeldes morelenses (encabezados por el General Emiliano Zapata y otros líderes como Otilio Montaño, Felipe Neri, Emigdio Marmolejo, Gabriel Tepepa y Lorenzo Vázquez) atendieron el llamado a la insurrección hecha por Francisco I. Madero para el 20 de noviembre de 1910 hasta el 10 de marzo de 1911.

Más de tres meses esperaron los surianos para “aventarse” a la bola.

No se trataba de quitar al octogenario dictador Porfirio Díaz y poner a otro en ese podio. Profundas eran las raíces del despojo que se llevaba a cabo en las vegas de Morelos. La insaciable voracidad de los hacendados azucareros había tragado pueblos enteros, como ocurrió con el pueblo de Acatlipa por la Hacienda de Temixco. El verdor de la caña de azúcar redituaba enormes ganancias y los habitantes originarios de estas tierras no serían obstáculo para los capitalistas.

Por eso, en mayo, cuando la Revolución de Madero terminó y pactó con el porfirismo los Tratados de Ciudad Juárez, satisfecha con la renuncia de Porfirio Díaz y el vicepresidente Ramón Corral así como la unción de Francisco León de la Barra como presidente interino, los sureños comenzaron a mirar desconfiadamente al líder que habían apoyado.

No obstante, atendieron su convocatoria a pacificarse y entregaron las armas que habían usado para “echar” a Porfirio Díaz (aunque no así al sistema que representaba). Creían en Madero. El tercer punto de su Plan de San Luis fue el “gancho” que los atrajo. La promesa que los hizo combatir fue la restitución de las tierras de las que fueron despojados por la hacienda; consideraban que Madero era un buen hombre en medio de aves de mal agüero, pero su bondad e ingenuidad, a la postre, fue aprovechada por éstas.

De mayo a noviembre de 1911 hay cinco meses que separaron irremediablemente a los rebeldes del sur de Francisco I. Madero.

El sistema porfirista de dominación en Morelos seguía en pie. Pasada la breve revuelta se recompuso y empezó a actuar con tan buen tino que abonó a ese divorcio.

El gobierno de Francisco León de la Barra fue severo con los campesinos morelenses armados que habían ganado la guerra; pero esa severidad no sólo fue con ellos, también con el pueblo de Morelos. En ese verano, el paso de los generales del Ejército Federal de Victoriano Huerta o el incendiario Juvencio Robles por estas tierras fue funesto. En dos ocasiones intentaron emboscar al General Zapata, impusieron en la gubernatura a Ambrosio Figueroa, aun sabiendo que eso abonaría a la discordia. El trato discriminatorio y clasista hacia los ganadores de la pasada contienda se fue impuso como política de Estado.

Para el 6 de noviembre, cuando Francisco I. Madero fue investido presidente de México, la distancia entre la insurgencia del Sur y él era tal como la que existe entre la Ciudad de México y Ayoxuxtla.

El pueblo de Ayoxuxtla se acomoda en un pequeño valle en el norte de la sierra mixteca, y este fue el sitio que eligió la Junta Revolucionaria para proclamar el 28 de noviembre del 1911 el Plan de Ayala.

En él se convoca a continuar la Revolución hasta acabar con los poderes dictatoriales, se desconoce a Francisco I. Madero como presidente, y se explica cuáles fueron sus fallas, según los sureños. La más grave: No cumplir las promesas de la Revolución, se reconoce a Pascual Orozco como jefe de la insurgencia; los terrenos, montes o aguas que fueron tomados por caciques o hacendados serán devueltos a quienes tengan los títulos de propiedad.

Destaca el octavo punto donde se indica cómo se obtendrán fondos para las viudas y huérfanos de la guerra revolucionaria, lo cual se conseguirá de aquellas propiedades confiscadas de los enemigos de la Revolución. 

En la capital del país sólo un periódico, el Diario del Hogar, publicó hasta el 15 de diciembre el Plan de Ayala, agotándose el doble tiro impreso y uno extra. Gildardo Magaña, dice que el redactor del periódico, Enrique Bonilla, antes de imprimirlo lo llevó ante Madero, preguntando si debía publicarlo, a lo cual, el “Apóstol de la Democracia” contestó: “Sí, publíquelo, para que todos conozcan a ese loco de Zapata”.

La historia que sigue es conocida, lo que quedaba del porfirismo acabó con la vida del presidente Francisco I. Madero y la del vicepresidente Pino Suarez un año y dos meses después, magnicidios que desataron la fuerza de los revolucionarios de todo el país, los cuales se levantaron y arrasaron con lo que quedaba del antiguo régimen.

Después viene la victoria que tiene su clímax con la entrada a la Ciudad de México de los ejércitos populares de Francisco Villa y Emiliano Zapata en diciembre de 1914. Más adelante los desacuerdos entre estos líderes y Venustiano Carranza los llevan a pelear la guerra de facciones, la cual es ganada por los constitucionalistas.

Emiliano Zapata continuará su revolución hasta que es asesinado en 10 de abril de 1919 en la hacienda de Chinameca, hasta donde había llegado buscando una alianza con el coronel federal Jesús Guajardo.

La exigencia de las tierras, la bandera zapatista, será incorporada a la Constitución de 1917 en su artículo 27, donde el Estado otorgará la tierra a los campesinos generando una relación clientelar, cuyo fin es la dependencia. La figura del rebelde eterno, el integérrimo General Emiliano Zapata será institucionalizada por el Estado y usada para justificar su existencia.

Los hijos y los nietos

Evocando aquellos días de finales del otoño de 1911, los nietos y bisnietos de Emiliano Zapata se reunieron para conmemorar la firma del Plan de Ayala  y ofrecieron un homenaje en honor al Caudillo del Sur y de otros líderes como Otilio Montaño, Felipe Neri, Emigdio Marmolejo, Gabriel Tepepa y Lorenzo Vázquez

Galdino Zapata y Jorge Zapata, nietos y Benjamín Zapata, bisnieto de Emiliano Zapata, estuvieron presentes en el acto, donde rindieron un homenaje floral y realizaron una cabalgata.

 

Bibliografía

John Womack Jr. (1969). Zapata y la Revolución Mexicana. México: Siglo Veintiuno.

Francisco Pineda Gómez. (1997). La irrupción zapatista. 1911. México: Era.

Francisco Pineda Gómez. (2005). La Revolución del Sur. México: Era.

 

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